Hará un par de semanas, un domingo por la tarde, caminábamos por el paseo del Muro de Gijón. La tarde era cálida, excesivamente templada para estas fechas, pero un excelente pretexto para pasear a la orilla del mar.
Cerca del conocido "Sanatorio Marítimo", entre prados y casas de planta baja, existe un café-bar con una atopadiza terraza donde admiten perros. Como el paseo nos había agotado un poco, a pesar de nuestra acreditada habilidad "andarina", nos sentamos a una mesa para charlar con unas buenas tazas de humeante líquido oscuro en las manos, mientras nuestra pacífica mascota ocupaba su natural lugar, acostada a los pies de sus amos.
Transcurrido cierto tiempo, no demasiado, el animal empezó a alzar el hocico y a olfatear. En el aire flotaba el inconfundible aroma a marihuana procedente de algún "porro" saboreado por uno o varios de los parroquianos. Después "Linda", que así se llama mi perra, comenzó a comportarse de forma extraña, incorporándose, dando vueltas, y finalmente irguiéndose y apoyando las patas delanteras contra el pequeño muro que, a nuestras espaldas, cerraba el local, asomándose al exterior con evidentes signos de euforia. Indudablemente, el extraño olor la había alterado un poco.
Nos reímos ante la curiosa situación, y la perra también, celebrando quizá aquella sensación nunca antes experimentada.

7 comentarios:
Quizás en los próximos paseos quiera tensar la correa en esa dirección, ten cuidado o se hará adicta.
Un saludo.
jejejeje menudo viajecito!!! Seguro que, como dice Jose Luis, quiere repetir.
Esa Linda es como aquel "teniente Culombo"...Como lo sepan los de la agencia antidrog te la fichan...Salu2.
pues si fuera nuestro Ron, con lo pequeño que es, acabaría enteramente colocado.
¡pobrecillo, me da la risa pensarlo!
bicos,
Linda es preciosa... ¿te importaría que la dejara en la galería de amigos de Ron?
¡Espero que no se aficione!
¿Será descendiente de padres policías?
Salu2.
¡Es preciosa!
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